
EN EL INTERIOR DEL ANTEBRAZO DERECHO, WAYNE ROONEY TIENE UN TATUAJE QUE DICE, "CON LA EDUCACIÓN JUSTA PARA ACTUAR", NOMBRE DE UN DISCO DE SU BANDA FAVORITA, LOS STEREOPHONICS. PERO ES TAMBIÉN UNA buena descripción de la educación que recibió el propio Rooney. Se destacó tanto como futbolista que a los 16 años recortó sus horas de clase en la escuela De La Salle de Liverpool para poder entrenar con el club Everton. A los 10 minutos de iniciado uno de sus primeros partidos en la liga Premier, en octubre de 2002, anotó un golazo—taponazo al ángulo que dio al Everton una victoria por 2-1 y acabó con una racha de 30 partidos invictos del Arsenal—que puso fin a su educación secundaria. "Un día estaba en la escuela", dijo, "y al otro día en el equipo titular". Le faltaban cinco días para cumplir 17 años. "Es el mayor talento que he visto a esa edad en Inglaterra", dijo el técnico del Arsenal, Arsène Wenger, un hombre no precisamente conocido por elogiar a sus rivales. Parte del encanto de Rooney viene de su actitud de clase obrera. Incluso a los 16, con su pelo al rape, su contextura de estibador y su mirada de pandillero, daba la impresión de ser un boxeador. Y cuando abría la boca, dejaba a los marineros como académicos de la lengua. Tal como era de esperarse, Rooney no se portó como un monaguillo. Una de sus historias más famosas se produjo cuando confesó haber frecuentado prostitutas en Liverpool, entre ellas supuestamente una abuela de 50 años (lo que generó, obviamente, burlas de las fanaticadas rivales). Pero, historias sexuales aparte, nada ha detenido su camino de joven prodigio a crack. Con el Manchester United, Rooney ganó tres títulos de la Premier y una medalla de la Champions; a sus 24 años, ya es el duodécimo goleador en la historia de la Selección inglesa, con 25 tantos en 58 apariciones. Cuando anotó su primer gol contra el Arsenal, ganaba $125 dólares por semana y vivía con sus padres en una vivienda del gobierno. Siete años más tarde, los rumores indican que el United le ofrecerá $230,000 dólares por semana para eliminar las tentaciones del Real Madrid. A pesar de la fama, Rooney sigue siendo el mismo. (Bueno, tal vez ser marido y padre lo hayan calmado un poco: se casó con Coleen McLoughlin en 2008, con actuación incluida de los Stereophonics en la boda, y el año pasado tuvieron a su primer hijo, Kai Wayne). Aún es mal hablado, no ha cambiado su corte de pelo carcelario (no es que su cuero cabelludo permita mucho más) y tiene pinta de actor de película mafiosa de Guy Ritchie. Su garra levantó al Man U esta temporada, una de cambios para los Diablos Rojos. Antes de que comenzara la campaña, Cristiano Ronaldo se fue al Real Madrid y Carlos Tévez al Manchester City, llevándose consigo los 40 goles que habían anotado entre ambos el curso anterior. La partida de los dos astros exigió más a Rooney, que solía ser empleado como extremo izquierdo. Ahora, todo el equipo juega para el Nº 10, que recuperó su posición natural en el corazón del área. A su vez, el ataque rojo descartó los pases vistosos al ras del piso y hoy prefiere centros envenenados desde las bandas. Rooney se adaptó, dedicando horas extra a perfeccionar su cabezazo. Pese a no tener la altura ideal para un centrodelantero (mide 5' 10"), tuvo una racha de siete goles seguidos de cabeza. Sus números meten miedo: 34 dianas en 34 partidos antes de esguinzarse el tobillo el 30 de marzo. Para entonces ya había demostrado que podía echarse el equipo al hombro, algo que su país espera que también haga en Sudáfrica. "Si sigue jugando así", dijo el legendario Franz Beckenbauer, "puede ganar el Mundial para Inglaterra".
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