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KAKÁ
Gabriele Marcotti
May 30, 2010
EN SU INÉDITA BÚSQUEDA DE UN SEXTO TÍTULO MUNDIAL, LA SELEÇÃO HA DEPOSITADO SU CONFIANZA EN UN HOMBRE DE FE
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May 30, 2010

Kaká

EN SU INÉDITA BÚSQUEDA DE UN SEXTO TÍTULO MUNDIAL, LA SELEÇÃO HA DEPOSITADO SU CONFIANZA EN UN HOMBRE DE FE

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ALTO. GUAPO. RICO. TALENTOSO. Y, SÍ, SALVADO POR DIOS. RICARDO IZECSON DOS SANTOS LEITE, KAKÁ, QUIZÁ EL MEJOR DEPORTISTA CRISTIANO DE LA HISTORIA, NO CREE EN EL KARMA. PERO, SI LO HICIERA, PUEDE QUE DIJERA que los rasgos recién enumerados son una recompensa por una infancia difícil. Nació con una miopía severa (la mayoría de las fotos de niño lo muestran con unos gigantescos lentes de botella) y una deficiencia ósea que retardó su crecimiento (los doctores le dijeron que estaba dos años detrás de su grupo etario en cuanto a desarrollo físico). Entonces, justo cuando parecía haber superado esas vallas (cirugía óptica y lentes de contactos para la primera, dietas experimentales y "mucha oración" para la segunda), se quebró el cuello. Tenía entonces 18 años y ya pintaba para crack en São Paulo, cuando se resbaló en el patio de la casa de sus abuelos, se cayó a la piscina y se rompió una vértebra del tope de su columna vertebral. "Que, sin embargo, se rompió sin causarme parálisis", dijo Kaká. "Entonces, tras mucho trabajo, se sanó perfectamente. Los doctores no lo podían creer; me dijeron lo afortunado que era. Para mí fue Dios... salvándome de una lesión que habría cambiado mi vida entera".

Recuperado, Kaká fichó con el AC Milan en 2003, a los 21 años. A los futbolistas brasileños—particularmente los números diez o mediocampistas ofensivos—suele tomarles tiempo ajustarse al fútbol más defensivo que se practica en Europa, así que se esperaba que a Kaká le tomara tiempo demostrar su capacidad. Pero se ganó la titularidad casi de inmediato, conduciendo al Milan al título de la Serie A. "Llevo casi 30 años dedicado al fútbol", dijo Carlo Ancelotti, quien entonces lo dirigía, "y no creo haber visto un jugador brasileño que se adaptara tan rápido, tan naturalmente a nuestra forma de hacer las cosas. Es tan inteligente, tan humilde y tan decidido a aprender". Fuerte y rápido, Kaká sabía cuándo aguantar la pelota, confundiendo a sus rivales con carreras laberínticas, y cuándo tocar de primera para despistar a sus marcadores.

Quizá fue esa habilidad de sintetizar lo mejor del estilo de fútbol europeo y sudamericano lo que llamó la atención de Dunga. El actual técnico de Brasil era un mediocampista defensivo y hasta hoy prefiere un estilo de juego más organizado y cauteloso, en vez del célebre jogo bonito. Construir su Selección en torno a Kaká tenía sentido: ofrece creatividad, disciplina táctica, esfuerzo y la efectividad que Dunga tanto valora.

Esta temporada no ha sido fácil para Kaká. Cuando el Milan lo vendió al Real Madrid por casi $90 millones de dólares, se convirtió en el segundo jugador más caro de la historia (el primero es Cristiano Ronaldo, quien aterrizó en el Bernabéu dos semanas después). Kaká no sólo llegó a un equipo nuevo, sino que ocho de sus compañeros—además del técnico—arribaron junto a él. Todos enfrentaron las mismas expectativas casi imposibles de cumplir. Como resultado, la primera campaña de Kaká con los Galácticos 2.0 ha dejado mucho que desear. Desde el primer día, todos esperaban que el brasileño manejara los hilos de los merengues tal como hacía en el Milan; pero el equipo italiano había sido construido en torno al volante brasileño, mientras que ahora Kaká es uno más en una alineación repleta de superestrellas.

Con Brasil, las cosas prometen ser diferentes. Para no repetir los errores de Alemania 2006, Dunga ha priorizado el equipo por sobre las individualidades, y ha rodeado a Kaká de futbolistas que juegan en torno suyo, y no al revés. En 2002, la última vez que Brasil se coronó campeón mundial, Kaká pasó la mayor parte del tiempo en la banca, y tras los partidos lucía una camiseta con la leyenda YO PERTENEZCO A JESÚS. Si Brasil vuelve a tocar el cielo, sus compañeros de selección quizá terminen vistiendo una que diga YO PERTENEZCO A KAKÁ.

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