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AMERICANOS FUTBOLIZADOS
Alexander Wolff
May 30, 2010
LOS ESTADOUNIDENSES FINALMENTE SE ENAMORARON DEL FÚTBOL, Y NO SÓLO POR LA INFLUENCIA DE MÁS DE 45 MILLONES DE LATINOS
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May 30, 2010

Americanos Futbolizados

LOS ESTADOUNIDENSES FINALMENTE SE ENAMORARON DEL FÚTBOL, Y NO SÓLO POR LA INFLUENCIA DE MÁS DE 45 MILLONES DE LATINOS

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CUANDO A COMIENZOS DE LOS SETENTA LANZÓ EL GRANDIOSO PERO FALLIDO EXPERIMENTO DEL NEW YORK COSMOS, CLIVE TOYE TOMÓ UNA DECISIÓN SIMBÓLICA. UN EQUIPO LOCAL DE BÉISBOL SE LLAMABA METS, LOS METROPOLITANOS. O.K., pensó Toye, subamos un peldaño. Seremos lo que el fútbol es para el mundo, o lo que el equipo insignia de la NASL aspira a ser: seremos los Cosmopolitas.

Ha tomado casi medio siglo, pero finalmente Estados Unidos, fútbol y cosmopolitanismo caben en la misma frase. Siempre hemos asumido que la respuesta a cuándo terminarían por enamorarse del fútbol los estadounidenses pasaba por el éxito de una liga local. Bueno, el vínculo finalmente se logró, pero hubo que mirar hacia afuera.

Las pruebas están por todas partes. Entre muchos jóvenes, ser hincha de un equipo de la liga Premier inglesa es signo de estilo. Otros escépticos pueden convencerse al mirar los estadios llenos cuando los equipos internacionales vienen de gira, o las cifras de audiencia que generan las transmisiones de finales de competencias como la Champions o la Copa Confederaciones. O pueden refregarse los ojos mirando las filas que se forman a las 8 a.m. afuera de bares que transmiten partidos desde Europa. O contar el número de camisetas de clubes europeos en los parques y escuelas. O usar el control remoto para recorrer las transmisiones de Fox Soccer, GolTV e ESPN, así como las emisiones legales e ilegales de la Premier, la Serie A, la Liga española, la Bundesliga y la Eredivisie por Internet. La prueba decisiva puede también ser la audiencia televisiva de la final del último Mundial, que superó el promedio de la Serie Mundial de béisbol y la serie final de la NBA de ese año. Mientras las cifras de audiencia televisiva de casi todos los deportes van en descenso, las del fútbol van para arriba. Los derechos para televisar el Mundial en Estados Unidos son más caros que en cualquier otro país. Y hasta principios de marzo, éste era el país fuera de Sudáfrica donde más entradas se habían comprado para el torneo.

Atrás quedaron los días en que Dick Young, columnista del Daily News, podía escribir que el fútbol era "un juego para comunistas afeminados" e interrumpir con abucheos la conferencia de prensa en que el Cosmos presentó a Pelé. Ahora algunos periodistas deportivos del mundo extrafutbolístico como Bill Simmons, de ESPN, y el analista de fútbol americano de esta revista, Peter King, han abrazado abiertamente ese juego de afeminados. Pero hay más: en 2006, ESPN transmitió el 34% del Mundial desde sus oficinas en Bristol, Conn.; ahora, tanto sus distintas señales como la cadena ABC transmitirán los partidos desde los estadios, emitiéndolos por TV, radio, Internet y teléfonos móviles, con repeticiones nocturnas para quienes no se atrevan a llamar enfermos al trabajo.

Está claro que la mayor parte de la audiencia estadounidense será latina (Univisión pagó tres veces más por los derechos a transmitir los mundiales de 2010 y 2014 en Estados Unidos que ESPN en inglés). México hoy juega casi todos sus amistosos al norte de la frontera, y hasta los yanquis se están interesando en la rivalidad con sus vecinos del sur. Pero la explosión del fútbol aquí tiene más que ver con una cuestión generacional que étnica: los menores de 35 años son hijos de un mundo multicultural y conectado por la tecnología. Sólo así se explica que los partidos del Mundial 2006 con mayor audiencia en Estados Unidos fueran los de Brasil, Italia y México.

No cuesta nada ponerse a soñar con lo que pasaría si, tal como ocurrió en la última Copa Confederaciones, Estados Unidos llegara a la final del Mundial. Hay un viejo chiste sobre las ligas de fútbol infantiles aquí: que tantos niños juegan porque la alternativa, mirarlo, es mucho peor. Ahora, todos quieren mirar, para salir a jugar después.

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